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Nuestra historia |
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Tratando de no caer en las vacilaciones que existieron para la fundación del partido, el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Dr. Dardo Rocha, firma el jueves 24 de abril de 1884 el decreto de expropiación de ocho leguas cuadradas de tierras, donde, de acuerdo al mismo, debería alzarse el pueblo de Tres Arroyos. Paradójicamente, nació sin la existencia de una casa municipal estable, que recién se habilitó el jueves 9 de julio de 1885. A los pocos años, la riqueza de la zona,
sumada al denodado esfuerzo de sus primeros pobladores, gestan quizá, sin
darse cuenta, una incipiente burguesía que busca cauces comunes para
desarrollar sus inquietudes y sus predilecciones. Un grupo
representativo de un vecindario estable y abocado a las tareas del comercio y de
la
industria, funda
Sólo ha quedado para la crónica, los nombres de aquellos que forman la comisión directiva de ese momento. Ellos son: Hilario Durán, Presidente; José Ferrario, Vicepresidente; Melquíades Tierno, Tesorero; Juan López, Pro Tesorero; Ramón Cantalupi, Secretario; Perfecto Romero, Pro Secretario y Vicente González, Bibliotecario. Son los primeros años, de un sostenido crecimiento. En el año 1900, pasa a denominarse "Centro del Comercio", excluyendo la palabra "Recreativo", para que represente más exactamente la diversidad de proyectos del mismo, y obtiene la personería jurídica bajo el N° 2353. En ese mismo año se inician, pero en forma precaria, las clases de Teneduría de Libros y de idioma francés y se recatalogan los libros existentes. El año 1901 es de gran actividad social, ya que se redacta un nuevo reglamento para la biblioteca, se coloca un aparato telefónico y se habilita una nueva sede social que se ubica en la esquina de las actuales calles Chacabuco y Nueve de Julio. Hasta mediados de 1905 se sigue con la marcha ascendente, y en ese período, se contabiliza la colocación de la luz eléctrica, la compra de nuevo mobiliario, y es solicitado su reglamento desde otras ciudades para iniciarse en experiencias similares. Se firma el primer seguro sobre bienes del Centro, que incluyen los de la biblioteca. Es a partir de 1906, cuando se nota el comienzo de una declinación persistente que habría de terminar con la vida social del Centro. Queda la sensación que éste no supo interpretar los vigorosos cambios que sufría una comunidad en continuo crecimiento, y que se va organizando en sus relaciones sociales de una manera menos esquemática que las que el Centro propone. Pareciera corroborar esto, la marcha de su biblioteca, que no es afectada por tal fenómeno, y que sigue creciendo moderadamente pero sin pausa. Ya en el año 1908 se vislumbra una posible bancarrota, y dentro de las medidas de excepción, se llega en 1909 a la emisión de bonos de empréstito público, por un monto de cinco mil pesos de la época. Se entra en condiciones económicas muy precarias al año 1910, y muy posiblemente, el último acto oficial del Centro sea su presencia en la procesión que se realiza el 25 de mayo de ese año, en conmemoración del centenario de esa gesta patria. El 21 de junio de 1910 su Comisión Directiva
determina la disolución del Centro, dando orden de rematar todas las existencia.
Se subalquila al conserje que se ha hecho cargo de la deuda por alquileres
del local; el salón de fiestas y la biblioteca a razón de $ 4,00 diarios. Si hay una fecha clave en la vida de nuestra institución, esa fecha es el 24 de julio de 1910. Ese día, se realiza una asamblea extraordinaria pedida por un grupo de socios, que si bien aceptan la venta del mobiliario del Centro para el pago de deudas existentes, no están de acuerdo con la disolución que arrastraría también a la biblioteca. Estos visionarios, personas dotadas de esa virtud que tienen los pioneros; la de crear entidades o doctrinas cuyos resultados saben de antemano que no verán en su tiempo, y cuyo objetivo primordial era salvar la parte cultural entre los escombros económicos del Centro, son los siguientes: Luis Ferreiro, Nemesio Sáenz López, Teodosio Alaniz, José Miralles, Antonio Ferrer, M. Cazalla Acosta, Ceferino Hurtado, Basilio Peraita, José Franco y Luna, Ruperto Vidales, José C. González, Pantaleón Cardero, F. Anaya, Manuel Gallardo, Juan Ibáñez, Andrés Naveira, Ruperto Villador, José M. Paleo y Manuel Pérez y Pérez. En la Asamblea Extraordinaria celebrada el 14 de agosto de 1910 queda claro el objetivo
primordial de aquella gente. Para que no queden dudas, se transcriben las
palabras de apertura, dichas por el Presidente provisorio, Sr. Manuel Pérez y Pérez:
“Que un núcleo de socios del Centro del Comercio, inspirados en el
deseo plausible de sostener la Biblioteca Pública, había logrado la continuación
del mismo, después que el precario estado financiero puso a la institución en
vías de una disolución inevitable; que tan noble determinación de los
miembros aludidos contaría con el apoyo decidido del vecindario, puesto que la
institución que se trataba de conservar e impulsar sería un exponente de su
progreso y cultura.” Aflora nuevamente la maravillosa virtud y el noble sentimiento de trabajar para los tiempos. Los años siguientes encuentran a nuestra Biblioteca
debatiéndose en un precario equilibrio económico, y cumpliendo con sus tareas
culturales de la mejor manera posible, en tan duras circunstancias. En 1915,
como producto de un ajuste en los gastos operativos, se decide la mudanza de la biblioteca a un salón ubicado en la Avenida Moreno 198, y el 21 de marzo de ese
mismo año pasa a denominarse, por votación unánime de la asamblea, "Biblioteca Pública Sarmiento". La vida de la biblioteca va buscando su cauce, como el agua de un manantial busca el océano, dejando a su paso el testimonio de su amplitud de miras y la certeza de sus convicciones. En enero de 1922, la Comisión Directiva incorpora en un acto tan justo como inusual para la época, a la primera mujer en su seno. Se trata de la señorita Delia Ferradás, directora de la Escuela N° 2, quien lamentablemente fallece el domingo 26 de noviembre de 1922, antes de terminar su mandato. Al repasar la fragmentada historia, desde nuestra biblioteca primigenia hasta la actual,
surge claramente que las bibliotecas de cuño popular tuvieron un destino común,
tanto en la Argentina granero del mundo e integrante de un grupo selecto de
naciones, como hasta en el empobrecido país de comienzos del siglo XXI; el de
haber sobrevivido con permanentes zozobras y recortadas por los presupuestos
oficiales, con subsidios insuficientes, pagados con enormes atrasos o lisa y
llanamente cancelados y siendo salvadas del oprobio de su cierre por la fraterna
colaboración de la gente. El 4 de enero de 1925, el Señor Juan B. Istilart, un
hombre fundamental con sus ayudas económicas durante los primeros treinta años
del siglo XX a diversas instituciones de nuestra ciudad; socio de la biblioteca
desde el 24 de abril de 1900 y vocal de la Comisión Directiva, comunica a ésta,
su decisión de realizar un importante aporte de dinero para ser aplicado a la
compra de una sede social propia. La adquisición queda temporalmente a nombre del Sr.
Istilart, por no tener la Biblioteca un Estatuto aprobado, que le permita,
como persona jurídica, realizar actos de esta naturaleza. Se nombra a
una comisión para el estudio de la redacción de dicho estatuto, y si bien la
tarea se realiza con dedicación y buen criterio técnico; desinteligencias y
dispares puntos de vista, tanto en las Comisiones Directivas actuantes como
entre los asociados, demoran considerablemente la aprobación del mismo. Con nuestra mirada actual sobrevolando este relato, podemos afirmar que aquí termina la epopeya, pero no la historia. Entendiendo como epopeya, el crítico período que se ha relatado, desde su fundación hasta su consolidación institucional con sede propia. A partir del año 1930, la biblioteca comienza una etapa que felizmente no ha concluido, de lento pero continuo progreso que ha acompañado culturalmente en la formación de varias generaciones de tresarroyenses. Como el buen capitán, que cae desfallecido sobre el timón del barco que con su esfuerzo y sapiencia ha traído a buen puerto, sustrayéndolo a la azarosa tormenta, el martes 26 de junio de 1934 muere en forma imprevista el Sr. Juan B. Istilart, factótum indiscutido, con su filantropía, en la construcción de las bases institucionales que nos han permitido recorrer este largo camino.
Durante un lapso de tiempo tan dilatado, además de cumplir con su función intrínseca, ha recibido, generado y alentado en forma directa o indirecta, buena parte del quehacer social e intelectual del medio. En este devenir, es elegida en distintos momentos, como depositaria de interesantes legados de importancia histórica y de investigación, antes que pecuniaria, siendo ejemplos de lo antedicho, la donación de los sucesores del prestigioso artista plástico italiano José Lanfranchi, la cesión por parte de “La Casa de Galicia” de su biblioteca y mobiliario completo antes de su lamentado cierre, el aporte invalorable de la colección completa de “El Libre del Sur” – primer hebdomadario de la ciudad en sus ediciones de 1887 a 1889 – donadas por la Srta. Aurelia Gomila, hija del propietario y editor responsable de aquella publicación, Sr. Teófilo Gomila y las colecciones de piezas arqueológicas pertenecientes al investigador y colaborador de esta Biblioteca, Sr. José A. Mulazzi, prematuramente fallecido. Debemos sumar a estas acciones, los aportes de la gente, socios y no socios, que hicieran llegar en todas las épocas miles de volúmenes sobre las más diversas temáticas, y muchos de ellos, por corresponder a ediciones muy antiguas y agotadas, de un destacado valor histórico. La Biblioteca ha generado también, desde sus inicios,
profundas políticas educativas y orientadas especialmente hacia los niños. Aún
en momentos de grandes dificultades económicas, como los ocurridos en 1914, es adquirida en forma completa la prestigiosa enciclopedia editada por Espasa-Calpe,
que para aquella época contaba con 18 tomos. Pocos años más tarde, se
convierte en precursora de la atención gratuita al público infantil, para la
cual abre una sala especial y emite circulares a todos los establecimientos
educacionales de la ciudad para que interesen a sus alumnos. Durante el año
1933 instituye un premio de otorgamiento anual al mejor bachiller del Colegio
Nacional, consistente en medalla de oro y diploma. Pocos años más tarde este
reconocimiento se extiende para ser
otorgado al mejor alumno de la antigua Escuela de Artes y Oficios de la Nación.
Se han generado innumerables cursos gratuitos sobre múltiples temas y
actualmente se premian a los lectores más consecuentes, a los alumnos que más
utilicen las salas de lectura y a las escuelas cuyos alumnos tengan una mayor
asistencias a nuestras dependencias. Desde siempre, la Biblioteca alienta y ayuda a todos aquellos que movidos por los mismos intereses se acercan a compartir su experiencia con nuestra institución. Ya en la década del ’20 cede parte de sus instalaciones por un módico alquiler a la Cámara Comercial e Industrial, precursora de la actual Cámara Económica, y a título gratuito al Círculo de Ajedrez, y más tarde, es la Agrupación de Boy Scout que hace uso de una de sus salas. Se crea el Museo Regional de la Biblioteca, con la base inicial de la donación efectuada por la sucesión del Sr. José A. Mulazzi, acrecentando su catálogo hasta la fecha en que se decide ceder todo el material bajo inventario, para crear el gran museo arqueológico y paleontológico que la ciudad se merecía. Se colabora en la organización interna y en las técnicas de catalogación en diversas instituciones similares; entre ellas, la Biblioteca del Barrio Obrero, en la Biblioteca de Claromecó, el principal balneario de nuestro partido, y posteriormente, la Biblioteca del Colegio de Nuestra Señora de Luján. En la década del ’70 se constituyen en su seno el Departamento de Investigaciones Marinas, con el objeto de contribuir al conocimiento de la fauna y flora marina de las costas del partido, y años más tarde se promueve la creación del Foto Club Tres Arroyos y del Centro de Aficionados a la Astronomía denominado "Dr. Ricardo Platzeck", en homenaje a este científico nacido en nuestra ciudad, que adquiriera prestigio internacional en esta materia. También su sala principal ha estado abierta a los innumerables actos culturales organizados por otras agrupaciones locales y de la zona. En esta fecunda tarea, la Biblioteca es visitada por diversas personalidades, que se detallan con amplitud en una página dedicada, que integra este sitio. Otra importante tarea que viene demandando desde
siempre un significativo esfuerzo, es el mantenimiento de la sede, y la
creación de nuevas comodidades para el desarrollo de diversas disciplinas que
en ellas se practican. La mayor ampliación del inmueble se produce en el año
1949. En esa fecha, se recibe un subsidio especial otorgado por el Gobierno de
la Provincia de Buenos Aires, al cumplirse el cincuentenario de nuestra
Biblioteca, y con dicho monto se construye el depósito de libros y hemeroteca.
La obra alcanza a los 275 metros cubiertos. Es sumamente difícil poder detallar más de cien
años de intensa actividad en un poco más de cien línea escritas. De hecho,
imposible. De Jorge Luis Borges, nacido el mismo año que nuestra Biblioteca,
hemos tomado de su poema "Trece Monedas" que integra su libro "El
oro de los tigres", lo que sintetizaría esta historia de ilusiones y
perseverancia y que sería nuestra declaración de principios, que
figura en la página de Bienvenida: Sólo perduran en el tiempo las
cosas
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